Hantavirus-Ébola – Estamos Preparados …Para una posible Pandemia?

1 junio, 2026 en

Equipos de saneamiento desinfectan el mercado público de Bunia, en el este de la República Democrática del Congo.

*Antes de la era de Trump, Estados Unidos

  fue el líder indiscutible ante cualquier brote;

  coordinaba la respuesta, aportaba financiamiento, 

  experiencia y presionaba a sus socios

   para actuar con mayor rapidez.

Con Información de: The New York Times

Un trabajador de salud en un puesto de control cerca de Goma.

Para muchas personas, el último mes ha traído desagradables ecos de la COVID: muertes misteriosas en un crucero, un virus que causa una enfermedad respiratoria mortal y rumores de cuarentenas forzosas.

Antes incluso de que los científicos tuvieran claro que el reciente brote de hantavirus no iba a causar otra pandemia, ya había noticias sobre un brote de ÉBOLA que se intensificaba rápidamente en África central, con cientos de casos sospechosos y decenas de muertes.

No es probable que ninguno de estos brotes cause estragos en el mundo como lo hizo el coronavirus. El HANTAVIRUS puede provocar enfermedades graves y la muerte, pero no es especialmente contagioso y suele extinguirse.

La epidemia de ÉBOLA en la República Democrática del Congo es más preocupante, pero incluso esa es probable que se limite, en su mayor parte, a este país y a sus vecinos inmediatos, según la Organización Mundial de la Salud.

Aun así, en conjunto, nos recuerdan que los brotes son inevitables y que el mundo necesita prepararse para sofocarlos antes de que se conviertan en pandemias.

Este fue uno de los temas más apremiantes en las mentes de los funcionarios de salud de todo el mundo que se congregaron la semana pasada en la reunión anual de la OMS.

La reunión arrancó con un nuevo informe que sugiere que los brotes no solo se están produciendo con más frecuencia, sino que también son cada vez más dañinos y el mundo tiene cada vez más dificultades para combatirlos y recuperarse.

La importancia de la cooperación

En algunos aspectos, estamos en una posición mucho mejor que antes de la COVID para hacer frente a los brotes. Los científicos han desarrollado la capacidad de analizar nuevos patógenos con una velocidad y precisión asombrosas y de crear nuevas vacunas con una rapidez notable.

Sin embargo, la COVID también dividió al mundo. Las vacunas fueron acaparadas por los países más ricos, que suministraban dosis de refuerzo a sus ciudadanos antes de que muchos en los países más pobres recibieran sus primeras dosis.

En numerosos países, las políticas de confinamiento, cierre de escuelas y vacunación obligatoria crearon fisuras políticas y profundizaron la desconfianza en los científicos.

Estas tendencias se han intensificado. Un dato de referencia: las vacunas contra el virus de la viruela símica llegaron a los países de bajos ingresos casi dos años después del inicio de ese brote en 2022, es decir, tardaron aún más que las vacunas contra la COVID.

El reto es evidente en las tortuosas negociaciones, que también comenzaron en 2022, sobre un nuevo tratado de pandemias. Los países de bajos ingresos han dicho que están dispuestos a compartir rápidamente las secuencias genéticas y muestras de patógenos emergentes, pero solo a cambio de un acceso equitativo a las pruebas, vacunas y tratamientos que se desarrollen con esa información.

Los países más ricos no han estado dispuestos a ofrecer esas garantías.

Estados Unidos

se hace a un lado

EE. UU. Fue alguna vez el líder indiscutible ante cualquier brote; coordinaba, aportaba y presionaba para actuar con mayor rapidez.

El mayor golpe a la salud mundial se desarrolló el año pasado, cuando el gobierno de Donald Trump cerró abruptamente la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional y puso fin a la inmensa mayoría de la ayuda exterior.

En su lugar comenzó a hacer acuerdos con países individuales, a menudo con condiciones. Estados Unidos también se retiró de la OMS y rechazó un marco global que obliga a los países a reportar brotes.

El impacto de estas decisiones es cada vez más evidente. No hubo funcionarios estadounidenses entre los que investigaron el brote de HANTAVIRUS a bordo del crucero; y ellos iniciaron su respuesta casi un mes después de la primera muerte. Además, no se enteraron del nuevo brote de ÉBOLA sino hasta nueve días después de que la OMS recibiera la primera alerta y notificara a otras autoridades de salud mundiales.

Estados Unidos fue alguna vez el líder indiscutible ante cualquier brote. Coordinaba la respuesta, aportaba financiamiento y experiencia y presionaba a sus socios para actuar con mayor rapidez.

La epidemia de ÉBOLA ya sugiere que la ausencia del liderazgo estadounidense se traduce, como mínimo, en una vigilancia más deficiente de las enfermedades infecciosas, retrasos en las pruebas y falta de equipo de protección crucial para los trabajadores de la salud en la primera línea.

Cuando la Asamblea Mundial de la Salud llegó a su fin, funcionarios de salud de todo el mundo dejaron Ginebra con recordatorios urgentes y dolorosos de la necesidad de prepararse para la próxima pandemia. Ausente de todas las discusiones: Estados Unidos.

Pero los virus no respetan fronteras, y mientras el mundo responde al ÉBOLA y al HANTAVIRUS, la cooperación entre países sigue siendo crucial para la salud mundial. Información relacionada: Declan Walsh, nuestro corresponsal jefe en África, voló a bordo de un avión de las fuerzas de paz de las Naciones Unidas a Bunia, ciudad del noreste de la República Democrática del Congo que se ha convertido en el corazón de la crisis del ÉBOLA.

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