Enviado Por: Ulises López

El Partido Revolucionario Institucional (PRI) atraviesa uno de los momentos más delicados de su historia política y aun así decidió no escatimar recursos en publicidad digital.
Entre Enero de 2025 y Febrero de 2026, el partido dirigido por Alejandro “Alito” Moreno destinó más de 2.8 Millones de Pesos a la difusión de anuncios en Facebook e Instagram, muchos de ellos construidos con memes e imágenes generadas con inteligencia artificial, como parte de su estrategia rumbo a la elección presidencial de 2030.
Pero no es todo, según datos disponibles en la Biblioteca de Anuncios de Meta consultados por el medio “sin embargo”, revelan que el gasto del partido fue superado por el de su propio dirigente nacional, “Alito” Moreno, quien invirtió al menos 3.3 Millones de Pesos en 196 publicaciones promovidas desde sus cuentas personales durante el mismo periodo.
En conjunto, el PRI y su líder desembolsaron en promedio más de 15 Mil Pesos diarios en publicidad digital.
La inversión ocurre mientras el PRI enfrenta una caída histórica: en solo cuatro años perdió 79% de su militancia, fue desplazado por MORENA en simpatías y resultados electorales y, entre 2021 y 2025, perdió 11 gubernaturas bajo la dirigencia, todo bajo el mando de Moreno. Además, encuestas nacionales lo colocan, no solo como el partido con peor percepción ciudadana, si no como el más corrupto del país.


Pese a ese escenario, la narrativa digital del PRI apuesta por la nostalgia. Los anuncios contrastan gobiernos priistas con las administraciones recientes de Morena y presentan al partido como sinónimo de orden, experiencia y estabilidad.
Frases como “el PRI sí resuelve” o “el PRI sí sabía gobernar” se repiten en contenidos que buscan evocar una supuesta etapa de bonanza económica y seguridad. Sin embargo, esa narrativa choca con datos oficiales. Mientras el PRI insiste en que México vive un estancamiento económico, cifras del Inegi muestran que la brecha de ingresos entre los sectores más ricos y pobres se redujo en los últimos años, impulsada por aumentos salariales y programas sociales, aunque la desigualdad persiste.


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