Editorial
T-MEC
Matrimonio entre Países
Hay relaciones que no pueden darse el lujo de fracasar y la de México con Estados Unidos es una de ellas. El embajador estadunidense Ronald Johnson describió el vínculo entre ambos países como un “matrimonio obligado a entenderse”, incluso en el desacuerdo.
Detrás de la metáfora hay datos. La cooperación bilateral presume resultados en seguridad fronteriza, en la reducción de la migración irregular y en el combate al fentanilo. También hay avances en extradiciones, intercambio de inteligencia y operaciones conjuntas que, desde el discurso oficial, reflejan una confianza en construcción.
Pero toda relación compleja, como cualquier matrimonio, tiene sus tensiones. Mientras autoridades de seguridad refuerzan la coordinación, el escenario del crimen organizado evoluciona con rapidez. El posible relevo en la cúpula del CJNG, con un estadunidense a la cabeza, abre preguntas incómodas sobre los límites de la cooperación.
A esto se suma un momento clave: la revisión del T-MEC, que si no se ve como amenaza, puede ser una oportunidad para profundizar la integración económica en la región, cada vez más presionada por la competencia global. Reflexión para el café de la mañana: las relaciones inevitables no se sostienen sólo con resignación, sino por decisiones constantes. México y Estados Unidos comparten más que una frontera; comparten riesgos, intereses y, sobre todo, la responsabilidad de que el “matrimonio” funcione, incluso cuando los acuerdos no sean perfectos.
El semanario de Coahuila

