Editorial
Aranceles
El Coro de los Lamentos
Es entendible que la agenda de buena parte del planeta consista en capear el temporal desatado por Donald Trump. La súbita política proteccionista de la Casa Blanca, contraria al libre comercio, trastoca el modelo al que se había entregado el mundo desde hace 40 años, empujado justamente por el país que ahora lo torpedea.
El coro de lamentos que hoy provocan las agresiones comerciales y verbales de Trump podrían llevar a pensar que él es la fuente primaria de los problemas que nos aquejan; o que bastaría regresar al momento previo y neutralizar de alguna manera la anomalía o variable “Trump” para salir de esta pesadilla.
En el fondo, Trump es un síntoma de algo mucho más grave. Las excentricidades del neoyorquino simplemente aceleran el impacto de un problema de fondo. Demasiado poco para compensar los efectos secundarios que el libre comercio causa al interior de los países, afectando a regiones, a ramas productivas y a grupos sociales que resultaron desfavorecidos por este modelo.
La globalización provocó una prosperidad selectiva, muy concentrada en determinadas regiones y sectores y en detrimento de otros. Los beneficios decrecientes de los últimos años ya no alcanzaron a irradiar a los muchos afectados por este proceso.
Los sectores populares que votaron por el republicano en 2016 y en 2024 son los mismos que sufragaron en favor del Brexit en 2016 en Inglaterra. Trump es una vuelta de tuerca adicional en respuesta a algo que está en movimiento desde hace rato. El desencanto con los gobiernos dio lugar al surgimiento de populismos de izquierda y de derecha a lo largo de todo el mundo.
El error de Trump es creer que la mera destrucción de lo que hizo la globalización es la respuesta; que basta encarecer a las importaciones para que la planta productiva de su país renazca y se recupere la prosperidad mítica de un supuesto pasado glorioso.
El mundo se encuentra en la necesidad de responder al desafío de Trump para evitar los efectos devastadores de la mala medicina que está aplicando. Pero tendríamos que mantener la mirada puesta en la enfermedad de fondo. Encontrar el traje a la medida que cada país necesita para participar en un mundo integrado sin comprometer el bienestar de sus mayorías. Y eso va más allá de la defensa ante Trump, por más que esta sea la primera urgencia.
El semanario de Coahuila

